La dieta macrobiótica es una forma de alimentación basada en la medicina china y el budismo zen, cuyo eje gira en torno a equilibrar la ingestión de alimentos yin (en líneas generales, procedentes del reino vegetal) y los alimentos yang (en líneas generales, procedentes del reino animal). Creada por el japonés Georges Ohsawa en 1957, su objetivo es conseguir un bienestar físico y mental.
Tipos de dietas macrobióticas: el yin y el yang de la alimentación

Las dietas macrobióticas constituyen un de diez dietas clasificadas en una escala del -3 al +7. Las cinco primeras dietas macrobióticas, -3 al +2, incluyen diversidad de alimentos que, al ir aumentando en escala, disminuyen el consumo de alimentos de origen animal. Esto se debe a que la filosofía macrobiótica considera que los alimentos yan aportan una energía debilitante (entre los yan, aparte de alimentos de origen animal se cuentan otros como azúcar, miel, frutas tropicales, alimentos procesados, etc.
A partir del +2 en la escala de dietas macrobióticas, se pasa a dietas prácticamente vegetarianas, es decir, con más alimentos ying. La filosofía macrobiótica considera que estos aportan energía tonificante, y es importante el consumo de legumbres, verduras y, sobre todo, cereales integrales, hasta tal punto que el grado +7 de la escala se basa en la ingestión de granos de cereales triturados.
Bases de alimentación de una dieta macrobiótica media
La alimentación macrobiótica busca la armonía de la persona consigo misma, pero a la vez, la armonía con la naturaleza. Por ello, quedan fuera de la dieta macrobiótica todos los alimentos cultivados con abonos químicos o que contengan colorantes y conservantes, así como los azúcares. Es decir, los alimentos deben se ecológicos y sin procesar ni refinar. A partir de aquí, se pueden consumir:

- Cereales integrales (arroz, trigo, avena, mijo, cebada, centeno, maíz…), que deberían constituir el 50% de la dieta diaria, y que se pueden consumir hervidos, en sopa, guisados, en tartas o en croquetas.
- Hortalizas, que implicarían el 25% de la dieta diaria, preferentemente cocidas, y no en crudo.
- Legumbres (como soja, lentajas, alubias, garbanzos, etc.), deberían implicar el 15% de la comida diaria.
- A excepción de frutas tropicales y zumos, el consumo de frutas es importante, tanto secas como cocidas, y crudas.
- Pescados. Quedan excluidos de la dieta macrobiótica los pescados azules, y se puede consumir pescado blanco un par de veces por semana.
- Carnes. Quedan excluidas de la dieta macrobiótica las carnes rojas (ternera, cordero, cerdo…), y se puede consumir excepcionalmente pollo o pavo.
- Lácteos. Se debe disminuir su ingesta y sustituirla por verduras de hoja verde, por los nutrientes que estas aportan.
- Alimentos específicos. La dietas macrobióticas incluyen abundantemente alimentos como el miso o algas (kuzu, lotus, mebosi…) así como otros ingredientes japoneses, hasta el punto que algunas dietas macrobióticas incluyen la ingesta de dos tazas de sopa al día, ya sean de miso o tamari (salsa de soja) con algas y verduras. Así mismo, la sal marina, un alimento yang, se usa para equilibrar los platos.
- Bebidas. Se recomienda tomarlas después de las comidas (no durante). Y específicamente se recomienda el consumo de tés y/o cafés de cereales.
Ventajas y desventajas de las dietas macrobióticas
La gran ventaja de las dietas macrobióticas es que se basan en el concepto de una alimentación sana como camino hacia un buen estado físico y mental. Sin embargo, según expertos en nutrición, puede producir deficiencia de proteínas y de ciertas vitaminas y minerales. Por ello, como con toda dieta, no es recomendable seguirla sin control médico.