¿A quién no le gusta probar platos de otras tierras? ¿Y degustar alimentos de latitudes lejanas? La globalización nos ha abierto las puertas a nuevos sabores, pero toda esta diversidad convive con una realidad: la tendencia hacia una dieta global que tiende a hacer más uniforme la forma de comer en las diversas partes del mundo occidental. ¿En qué consiste la dieta global? ¿Cómo nos afecta?

En qué consiste la dieta global

Aunque existen adaptaciones gastronómicas en función de la parte del mundo en que nos hallemos, a nivel nutritivo, la dieta global se caracteriza por tres ejes esenciales:

  • exceso en la ingestión de proteínas de origen animal. En general, se consumen entre tres y cinco veces más proteínas de las que recomienda la Organización Mundial de la Salud, y las fuentes proteicas son, sobre todo, de origen animal, con gran protagonismo de las carnes, en detrimento de proteínas de origen vegetal como las legumbres (ver aquí cómo controlar el consumo de proteínas).
  • ascenso de la dependencia de arroz, trigo y maíz, en detrimento del consumo de otros cereales, lo cual disminuye la variedad de las fuentes de energía que estos implican.

Consecuencias de la dieta global para la salud

Estos tres elementos que definen a grandes trazos la dieta global hacen que se constituya en un tipo de alimentación que, en esencia, es pobre en diversidad de nutrientes a la par que aumenta su carga calórica. Esto se traduce en un aumento de la obesidad (ver aquí razones sociales y económicas del aumento de la obesidad), lo cual conlleva enfermedades asociadas como la diabetes, afectaciones cardiovasculares, etc.

Y a la vez, aún comiendo en abundancia, nos podemos hallar ante personas con carencia de nutrientes o malnutridas, lo cual también afecta a la salud (ver aquí las funciones de los diversos nutrientes).

Consecuencias de la dieta global para las sociedades humanas y para el planeta

Cultivo de maíz

La dieta global también afecta al planeta, cuya vida es fruto de un equilibrio basado en la diversidad que se ve amenazado seriamente por esta a través de:

  • la desaparición de ecosistemas terrestres para dejar espacio a pastos y campos de monocultivo;
  • la disminución de la diversidad agroalimentaria, lo cual afecta a las sociedades que tradicionalmente han vivido gracias a las misma, y abocándolas también a su desaparición
  • el aumento de contaminantes para asegurar la producción masiva de los alimentos característicos de la dieta global. Estos contaminantes van desde sustancias químicas de los abonos que van a parar a tierra y aguas, a emisiones de gases de cambio climático derivados de la ganadería, el desbroce, etc.

Pero además, con la expansión de la dieta global, nos ponemos en peligro a nosotros mismos como especie al depender de cada vez menos variedad de alimentos. Y es que, en la naturaleza, un herbívoro, un carnívoro, pocas veces se alimentan de una solo especie, ya que si le pasara algo a esa especie que constituye su alimento, estaría abocado a la muerte. La variedad asegura su supervivencia, ya que proporciona alternativas para nutrirse. El ser humano es un animal más, pero con la dieta global, parece seguir el camino opuesto al de la naturaleza.

Por todo ello, en contraposición a la dieta global, existen movimientos que trabajan por recuperar alimentos autóctonos y reivindicar alimentos de proximidad (ver aquí) y alimentos de temporada (ver aquí), además de los ecológicos (ver aquí).

Escrito por:uranda

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