¿Cuántas veces hemos leído acerca de dietas que, junto a los hábitos alimenticios, nos dan pautas para hacer ejercicio? Y es que, en las sociedades occidentales, el sedentarismo se ha convertido en uno de los principales problemas, asentado tanto en el ámbito laboral como en el de ocio. ¿Por qué? ¿Qué puede provocar?

¿Qué fomenta el sedentarismo?

Las estructuras urbanas de tradición mediterránea giraban en torno a una estructura urbana compacta, en la que alrededor de una plaza central (el ágora de la antigua Grecia), se estructuraba la vida social, con zonas intermezcladas de comercio, de residencia, etc. Y esto propiciaba, entre otros aspectos, desplazamientos a pie de un lugar a otro.

Hoy día, sin embargo, se tiende a un entorno urbano de tradición anglosajona, más disperso. En este, las estructuras urbanas ya no son compactas y de usos diversos, sino que cada vez son más dispersas, se extienden en el territorio y se dividen en sectores diferenciados: la zona comercial, la residencial, la de oficinas, etc. Así, por ejemplo, en lugar de invitar a pasear de casa al trabajo, estas estructuras urbanas nos llevan a emplear cada vez más el vehículo de tracción mecánica, los ascensores y las escaleras mecánicas, etc.

A todo ello cabe añadir el aumento de trabajos de oficina, esencialmente sedentarios, a los que se unen tablets, teléfonos móviles, ordenadores, consolas, etc. ampliamente empleados como objetos de entretenimiento que amplían nuestra fronteras y ocupan nuestro tiempo libre sin que nos tengamos que mover del sofá.

Así, podemos concluir que el planteamiento urbano de las sociedades occidentales y su desarrollo tecnológico han provocado una importante disminución de la actividad física. Pero esta disminución no conlleva un reajuste calórico del tipo de alimentación, sino más bien al contrario. La dieta global (ver aquí en qué consiste) promueve un aumento del consumo de calorías basado en el incremento del consumo de alimentos ricos en grasas y azúcares, a la par que empobrece la riqueza de nutrientes.

Las consecuencias del aumento del sedentarismo

Todo ello ha hecho que aumente el sobrepeso y la obesidad. De hecho. según la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde 1975 se ha triplicado la obesidad en el mundo. Y traducido esto en cifras, según datos de la misma OMS, en 2016, más 1.250 millones de personas a partir de los 18 años padecían sobrepeso, y más de 650 millones obesidad.

Pero sobrepeso y obesidad no van solas, sino que son un factor de riesgo de enfermedades asociadas. Y con ello, ante las cifras antes mencionadas, la obesidad se ha convertido en una de las principales causas previsibles de mortandad. Volviendo a datos de la OMS, en países de ingresos altos y medio-altos, las dos causas de muerte principales fueron cardiopatías isquémicas y accidentes cerebrovasculares, enfermedades vinculadas al endurecimeinto y acumulación de las placas de colesterol. Además, entre las diez principales causas de muerte en dichos países también figura la diabetes.

El riesgo de sufrir estas enfermedades aumenta con el aumento del Índice de Masa Muscular (ver aquí cómo se calcula), al igual que determinados cánceres, como los de colon, hígado, vesícula biliar, riñones, endometrio, mama, ovarios o próstata.

La mejor prevención: ejercicio

Hasta hace poco, la conocida pirámide alimenticia se ceñía a proporciones de alimentos , pero la sociedad actual ha llevado a añadir un bloque en la base centrado en el estilo de vida, en el que el ejercicio resulta esencial (ver aquí cómo funciona la pirámide alimenticia).

Y es que el ejercicio regular y sistemático implica un aumento del gasto energético de nuestro organismo que ayuda a “quemar” calorías y, por lo tanto, regula el peso corporal. Pero es que además, entre otros aspectos físicos, también regula la presión arterial, mejora la resistencia a la insulina, mantiene o incrementa la densidad ósea, etc.

Y los beneficios de la práctica deportiva no son solo físicos. Entre otros aspectos psicólógicos, hacer ejercicio mejora la autoestima y rebaja el estrés y la ansiedad, lo cual ayuda a eliminar o controlar episodios de hambre emocional (ver aquí qué es el hambre emocional).



Escrito por:uranda

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