Muchas veces empleamos la comida como un premio. Lo hacemos cuando nos premiamos con una pieza de chocolate porque, después del día que hemos aguantado, nos lo merecemos; y también lo hacemos cuando nos vamos de cena a un restaurante para celebrar un logro. Pero son situaciones diferentes que esconden diferentes motivaciones y consecuencias para nuestra alimentación. ¿Cuáles?

Por qué se convierte la comida en un premio

La comida tiene un indiscutible componente placentero que tiene dos vertientes:

  • una es química, ya que al comer, el cerebro secreta neurotransmisores asociados al placer, como la dopamina;

En este último sentido, la comida como premio se empieza a estructurar desde la infancia. Cuando se premia a niños niñas con un dulce (un caramelo, bollería, etc.) o cuando se le promete ir a ese restaurante de fast food que tanto le gusta, se establece una asociación positiva a esos alimentos que luego perdura en el inconsciente cuando se convierten en adultos. Y es normal que como adultos, de modo inconsciente, acudamos a este tipo de alimentos para premiarnos, pues tenemos insertado un mundo simbólico que los positiviza y les da importancia.

A su vez, muchas veces, se emplea la comida como una forma de expresar afecto al niño o la niña. Y los alimentos y los platos que se usan en este sentido durante la infancia, también estructuran en nuestra mente un mundo simbólico que los positiviza, de modo que de adultos, también podemos convertirlos en premio cuando necesitamos una recompensa o un premio tras un día especialmente estresante, por ejemplo.

Cómo empleamos la comida como premio

Pero justamente, es diferente premiarnos tras un día estresante a premiarnos tras un logro. Y es por la motivación que está tras la necesidad de darnos un premio, y esto deriva normalmente en una diferencia en cómo estructuramos ese premio alrededor de la comida.

Cuando nos premiamos por un logro, estamos ante una celebración que, muy habitualmente, queremos compartir con alguien. Y en estos casos, es más usual salir a un restaurante o montar una comida o una cena en casa con amigos, pareja, familia… En estos contexto, la comida es un premio, sí, probablemente va a ser un menú especial asociado a mundos simbólicos que lo positivizan. Pero a su vez, está socializada (ver aquí la comida como acto social). Es decir, es casi una excusa para compartir con esos seres queridos y, cuando estemos premiándonos, la comida no será el único centro de interés, el único único estímulo placentero. En definitiva, no será el único premio. Por lo que es posible que no sea especialmente necesario que el menú esté especialmente repleto de grasas y azúcares: puede ser una asado con verduras, una paella con ensalada, etc.

Pero cuando nos premiamos tras un día duro, tras una situación estresante que hemos superado, el mecanismo psicológico que se activa es totalmente diferente, porque este premio, en verdad, es una recompensa. No necesitamos socializarlo, compartirlo, con lo cual nos podemos premiar con comida en solitario y la comida es, en verdad, el único centro de interés, es el premio en sí mismos. En estos casos, no nos premiaremos con unas crudités. Lo haremos con alimentos ricos en grasas y azúcares, que activan más los centros de placer de nuestro cerebro (ver aquí alimentos consuelo) y, a su vez, será un alimento u otro en concreto en función de los mundos simbólicos asociados a los mismos de modo inconsciente. Y entre ellos, tendrán su peso aquellos que fueron ya premios cuando eramos pequeños, y que normalmente ya eran alimentos ricos en azúcares o grasas.

Cuando la comida se convierte en un premio sin socializar y siendo la único estímulo que nos recompensa, en verdad, estamos ante un episodio de hambre emocional (ver aquí qué es el hambre emocional). Puede estar más o menos controlado, pero lo cierto es que, aunque lo disfracemos de premio, en verdad estamos buscando la calma a través de la comida tras una situación estresante, ya que esa comida va a generar neurotransmisores de placer.

Para que esto no se convierta en un acto descontrolado que afecte a nuestro peso y nuestra salud emocional, es importante establecer mecanismos de control que nos ayuden a ser conscientes de este comportamiento, del uso que hacemos de la comida como premio (ver aquí Cómo combatir el hambre emocional) y buscar tanto elementos que puedan contribuir a nuestra relajación como otros estímulos que generen placer de una manera sana.

Escrito por:uranda

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