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Por qué comer rápido engorda y afecta a tu salud

por qué comer rápido engorda y cómo comer rápido afecta a la salud

¿Cuántas veces has oído o leído aquello de “mastica mínimo 20 veces antes de tragar”? Y es que comer despacio no es ninguna tontería, puesto que la digestión se inicia en la boca, con la masticación. Y cuando comemos rápido, estamos ingiriendo también toda una serie de problemas que van de la digestión pesada a una potencial mayor ingesta de comida. ¿Por qué? ¿Cómo?

Por qué comer rápido nos lleva a comer más y peor

Una vez ingerido un alimento, este pasa al esófago y entra ya en un proceso de digestión sobre el que nuestro cuerpo actúa sin que nosotros tengamos ya ningún control. Sólo podemos influir en cierta manera sobre nuestra digestión al elegir los alimentos que comemos y al masticar. Comer rápido implica, pues, acelerar este proceso de masticación, lo cual tiene dos consecuencias inmediatas:

Estos dos elementos juntos llevan a tener digestiones más pesadas. El objetivo de la digestión es descomponer los alimentos en nutrientes para que nuestro organismo pueda absorberlos. Este proceso empieza con la masticación, que va acompañada de una buena salivación. Cuando nos saltamos esto, dejamos más trabajo al estómago. Y esto pasa comamos lo que comamos. Comer rápido implica que la digestión será más lenta y pesada, y por ello puede ir acompañada de una sensación de adormecimiento o de falta de energía, porque justamente estamos empleando energía de más en digerir. Y a ello cabe añadir las consecuencias de comer peor: los azúcares demasiado tiempo en el estómago pueden fermentar, además de que los alimentos ricos en grasas ya son de por sí más difíciles de digerir.

A todo ello cabe añadir el 2+2=4. Es decir, que si se come más y peor (con más grasas y más azúcares), se engorda.

De la pérdida de nutrientes a la aerofagia o problemas metabólicos por comer rápido

Pero como decíamos, la digestión se basa en la descomposición de los alimentos en nutrientes. Y la masticación es el primer paso de esa digestión. Por lo tanto, comer rápido influye en la absorción de nutrientes y fomenta que nos perdamos alguno de ellos. Un ejemplo claro está en las semillas: si no se mastican correctamente pueden pasar directamente a las heces, sin digerir y, por lo tanto, desperdiciando todas sus propiedades nutritivas.

A su vez, comer rápido implica tragar más aire, ya que los bocados suelen ser mayores. Y esto puede llevar a molestias estomacales que pueden derivar en gases, mayor hinchazón e incluso dolor. Es lo que se conoce como aerofagia,

Pero comer rápido aún puede perjudicar nuestra salud yendo más allá. Según un estudio de la Universidad de Hiroshima sobre más de 1.000 personas de mediana edad, aquellas que comían rápido tenían más probabilidades de desarrollar lo que se conoce como Síndrome Metabólico. Este, además de obesidad abdominal (ver aquí riesgos del exceso de grasa abdominal), implica altos niveles de glucosa y trigliceridos, HDL o colesterol bueno bajo (ver aquí qué es el colesterol) y mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.

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